¿Y si no te pasa nada malo… pero tampoco te sientes bien?
Hay personas que llegan a terapia con una historia clara.
Y otras que llegan con una sensación.
No hay una catástrofe.
No hay un motivo concreto.
No hay algo “grave” que señalar.
Pero hay un malestar que no se va.
Una sensación de estar en piloto automático.
De cumplir, responder, seguir…
sin terminar de sentirte en casa contigo.
Y eso también importa.
Cuando no sabes si “es para tanto”
Muchas personas dudan antes de pedir ayuda porque piensan:
“No estoy tan mal”
“Hay gente peor que yo”
“Debería poder con esto sola”
Como si el sufrimiento tuviera que cumplir unos requisitos mínimos para ser válido.
Pero el malestar no se mide por comparación.
Se mide por cómo te sientes tú.
Si algo se repite, pesa, se enquista o te desconecta, merece ser escuchado.
No todo el dolor grita
A veces el dolor no es ansiedad intensa ni tristeza profunda.
A veces es:
-
irritabilidad constante
-
sensación de vacío
-
dificultad para disfrutar
-
cansancio emocional
-
o sentir que te has ido apagando poco a poco
Y eso no significa que estés rota.
Significa que algo dentro de ti está pidiendo espacio.
La terapia como lugar donde no tienes que justificarte
En terapia no necesitas demostrar que estás mal.
No tienes que convencer a nadie.
No tienes que llegar con respuestas.
Aquí puedes venir con dudas, con silencios, con contradicciones.
Con lo que haya.
Es un espacio para entenderte, no para exigirte más.
A veces el primer paso no es tener claro qué te pasa
A veces el primer paso es solo este pensamiento:
“Así como estoy, no quiero seguir”.
Y eso ya es suficiente.
Si decides escribir, leeré tu mensaje con calma
y te responderé personalmente para ver juntas cómo acompañarte.
🌿 Si algo de esto resuena contigo
Puedes escribirme cuando lo necesites.
Sin prisa.
Sin presión.